Métodos de Oración Católica

por Luis Fernando Figari

Oración católica

Un maestro de oración, García Giménez Cisneros

por Luis Fernando Figari

Hacia 1493 una docena de monjes, cansados del largo camino desde Valladolid, ascendía trabajosamente hacia el santuario de Nuestra Señora, en Montserrat. Entre ellos iba quien sería elegido prior, y más tarde abad del monasterio de Montserrat, García Giménez. Poco tiempo antes, los Reyes Católicos habían logrado que el Papa Alejandro VI anexionase Montserrat al monasterio de San Benito el Real de Valladolid.

Nacido en la villa de Cisneros, del antiguo Reino de León, en 1455, García o Garsías será conocido como de Cisneros. Hacia el inicio de la década de los 70 ingresó al monasterio benedictino San Benito, de Valladolid, en el que llegó a ocupar el cargo de segundo prior. San Benito era ya entonces centro de lo que se ha dado en llamar la reforma vallisoletana. Fundado en 1390 por auspicio real fue desde un principio destinado a convertirse en un centro de restauración de la estricta observancia.

Ya desde tiempos de su noviciado, García es un entusiasta lector del Salterio, acompañándolo por los comentarios de San Agustín. Como buen aprendiz de monje se fue familiarizando con la vida y dichos de los Padres, así como con obras de San Agustín, de San Gregorio, y otros, cuyas doctrinas son sólido alimento para el espíritu. Por ese entonces estaba en su apogeo la reforma exterior e interior, la austeridad y la observancia en Valladolid. A mediados de la década del 70, unos diecisiete monasterios reconocían la dirección de la abadía de Valladolid. Sin embargo, más que un centro intelectual, que ciertamente no era, San Benito el Real era un centro de espiritualidad, en el cual los monjes se dedicaban a "vacar al estudio de la conciencia". Por entonces, hacia fines del siglo XIV, bajo influjos nórdicos de la "Devotio moderna", los monjes se aficionaron a la oración metódica. 

Reforma y observancia

En pleno período de los Reyes Católicos, o de las reformas y observancias, que ellos auspiciarían activamente desde 1485, llegaba el joven monje para hacerse cargo de la reforma de Montserrat. Como bien ha señalado un estudioso del siglo XVI español, eran tiempos signados por la unidad. Unidad de Aragón y Castilla (1479). Unidad geográfica de dimensiones planetarias, esta vez simbolizada por el descubrimiento del Nuevo Mundo (1492). Uno de sus "predecesores", superior de los eremitas de Montserrat hacia 1482, antiguo secretario de Fernando el Católico, Bernardo Boil, acompañó a Cristóbal Colón en 1493, justamente por los tiempos en que García llegaba a Montserrat. Habría que ver en ello todo un símbolo del rol al que estaba invitado a desempeñar el monasterio de Montserrat en la reforma religiosa que con carácter nacional, antes que Trento o las manifestaciones protestantes, impulsaban Isabel y Fernando.

La situación ante la cual reaccionaba la reforma se ve descrita en el documento en que los Reyes la ordenan: «... porque en nuestros reinos hay muchos monasterios e casas de religión, así de hombres como de mujeres, muy disolutos y desordenados en su vivir e en la administración de las mismas casas e bienes espirituales e temporales, de lo cual nacen muchos escándalos e inconvenientes e cosas de mal ejemplo... de que nuestro Señor es muy deservido, e a nos se podría imputar e dar asaz cargo». Fueron esos mismos Reyes Católicos, quienes en una visita realizada al monasterio de Montserrat, en 1492, tomaron consciencia de la necesidad de su reforma, y obtuvieron que la congregación de Valladolid se hiciera responsable del proceso.

El 3 de julio de 1493, García se hacía cargo del priorato de Montserrat, que dependía por entonces de Valladolid. Muy pronto se entrega a la reforma, tanto en los aspectos materiales y exteriores del convento, como en lo relativo a la disciplina comunitaria y la vida interior de los monjes.

Según se especula, al realizar una gestión de paz ante Carlos VIII, rey de Francia, en 1496, tuvo ocasión de tratar con Juan Mombaer (1460-1503), quien por entonces radicaba en el monasterio de Livry, cerca de París. Mombaer o Mauburnus es uno de los propagadores de la "Devotio moderna", autor de una recopilación de textos de la espiritualidad de Windesheim, conocida como el `Rosetum' (`Rosetum exercitiorum spiritualium'). Sea el que fuere el alcance de este viaje, a su regreso, el prior se entrega con renovados brios a la reforma de lo que en realidad era un cenobio —santuario— eremitorio. La situación de Montserrat en poco se parecía a la de Valladolid. Centenares de peregrinos acudían diariamente, no pocos recibían alimentos de los monjes, y los enfermos era fraternalmente atendidos, los sacerdotes ejercían sus responsabilidades espirituales confesando, dando orientación espiritual, instruyendo a los peregrinos, y celebrando las solemnes ceremonias litúrgicas.

García de cisneros se vio desde un principio con el reto de aplicar una reforma conventual y estrecha a la realidad sumamente activa de Montserrat. De ánimo emprendedor y combativo, no sucumbió por el sendero fácil. Procuró preservar todas las características singulares de Montserrat, entre las que destacaban la oración mental —diversa de Valladolid, quizá introducida por el abad Juan de Peralta según la inspiración del método de Luis Barbo (1) (c. 1382-1443), o confirmada según práctica anterior— y las solemnidades en la liturgia, lo que causó más de un problema con el monasterio principal de Valladolid. En el Capítulo General de 1500, García logró que sus proyectos fueran reconocidos. Ya con un nuevo estatuto, Montserrat estrena nuevas Constituciones en 1501, impresas en su propia imprenta, inaugurada pocos años antes. En ellas se establecía que los monjes de Montserrat seguían la Regla de San Benito, pero "en otras cosas, algunas diferentes de nuestra congregación (Valladolid), nos conformásemos con las loables costumbres de este monasterio, por conservar la devoción de los peregrinos".

En 1502, las constituciones de la reforma de Montserrat alcanzarían condición de norma fundamental del monasterio catalán. Reunidos todos los monjes en la sala capitular, el 18 de agosto, no sólo ratificaron las constituciones, sino que determinaron que ningún abad tomaría el cargo sin antes jurar que las respetaría y las haría respetar. Los "spirituales exercicios" núcleo de la reforma cisneriana, quedaban así reconocidos como recto camino de perfección y vida religiosa. 

La obra de reforma

Demasiado largo sería ingresar a los detalles de la reforma de Montserrat. Baste dar una breve noticia de la misma exponiendo algo sobre la "ratio studiorum" de García de Cisneros. Montserrat es convertido por el abad García en una escuela de formación espiritual.

Tres serán los cursos básicos en los que se habrán de formar los monjes. La oración mental metódica, según el `Ejercitatorio de vida espiritual', a cuyo estudio deberían entregarse antes de ingresar a la práctica. Este estudio se iniciaba en el noviciado, profundizándose con la Regla de San Benito (c. 480-547), el `Beatus vir' o `Trapado de la ascensión espiritual' de Gerardo Zerbolt de Zutphen (m. 1398), y el `Directorio de las horas canónicas'. Luego procedían al estudio de los salmos y el Oficio Divino, así como a los comentarios de los salmos de San Agustín. El tercer curso versaba sobre la teología moral y la predicación, para cuyo estudio estaba sugerida la `Suma Teológica Moral' del dominico San Antonino de Florencia (1389-1459) y el Preceptorio de las leyes divinas, según exposición del Decálogo del también dominico Juan Nider (m. 1438). Los monjes debían estudiar y el maestro tomarles la lección. El tiempo de estudio estaba también regulado: "Después de Prima, váyanse con sumo silencio a sus celdas, de las cuales ningún monje salga hasta el signo primero de Tercia... En el cual tiempo tenga cada uno lección diputada, según que el prelado se la asignare, en la cual sólo se ocupe y no en otra".

El rigor en la etapa de formación en relación a la selección de obras de texto a ser estudiadas, era seguido posteriormente, luego de la "graduación", por una gran liberalidad en la elección personal de los libros de la muy bien provista biblioteca del monasterio.

Como su primero, el cardenal fray Francisco Giménez de Cisneros, estrecho colaborador, desde 1493, del movimiento reformador de los Reyes Católicos, García era un convencido de la utilidad de la imprenta en el impulso evangelizador de la reforma. Antes de fin de siglo ya editaba Montserrat un primer "Enchiridion Benedictinum", que incluía la Regla de San Benito, obras de San Buenaventura (1221-1274), el `Tratado de ascensión espiritual' de Gerardo de Zupthen, entre otras obras. Muy pronto fue seguido por la elección de misales, breviarios, procesionales y los ejemplares del `Directorio de las Horas Canónicas', las `Constituciones de los Monjes', así como otras obras atribuidas al ilustre Abad, entre ellas: "Ejercitatorio de la vida espiritual", terminada el 13 de noviembre de 1500, editada simultáneamente en latín y en español. La escuela de formación de Montserrat contaba así, ante todo, con una buena provisión de libros para sus propios estudiantes y monjes, así como para irradiar a otros monasterios y conventos, al igual que a los laicos, la espiritualidad de la reforma vivida en el monasterio de Nuestra Señora bajo la dirección del abad García. 

El Ejercitatorio

Guiado por el celo de la reforma, y convencido de las virtudes de la oración mental metódica, García Giménez concibió un pequeño manual que empleando material de maestros consagrados sirviera para introducir a los novicios a la oración mental, y guiara su avance por las sendas de la ascensión espiritual. "Compilación de los Ejercicios Espirituales", la llama su autor, reconociendo cual habrá de ser su metodología para la composición de un tratado sobre "cómo el ejercitador y varón devoto se ha de ejercitar según las tres vías que son llamadas Purgativa, Iluminativa y Unitiva".

Ciertamente una lectura atenta de la obra mostrará que no se trata de una simple compilación, sino de una selección de textos sumamente valiosos, bastante bien trabados entre sí, sobre todo antes de la cuarta parte, y con un meritorio logro en la presentación antológica de la doctrina que quiere comunicar. Consta la obra de 69 capítulos. Hasta el capítulo 30 expone las tres vías, y luego recopila textos teóricos sobre la contemplación, o desarrolla puntos para meditar. Se trata de un manual para estudios, como ya sabemos, eso explica quizás la impresión de yuxtaposición de materiales que ofrece en la cuarta parte.

Sus fuentes son muchas, y el autor no pretende ocultarlas, pero se pueden determinar algunas más fácilmente que otras. Gerardo de Zutphen, cuya obra "De spiritualibus ascensionibus" fue impresa en el mismo Montserrat por indicación de García, es recogido generosamente. `El alfabeto del Divino Amor' del cartujo de Gemmitz Nicolás Kempf (m. 1497) sirve para la redacción de unos cuatro capítulos. Juan Gerson (1363-1429), San Buenaventura. Juan Mombaer o Mauburnus (1460-1501), el célebre cartujo Hugo de Balma (m.c. 1303) a quien por un error bastante común llama de Palma, Tomás Hemerken de Kempis (c. 1380-1471), y otros muchos cuya selección manifiesta la gran erudicción del abad. 

Influencias

Para el momento de su muerte, el 27 de noviembre de 1510, la escuela de oración de García Giménez de Cisneros está bien asentada. Cuando en 1512 es elegido abad Pedro de Burgos, discípulo predilecto de García, el impulso reformista cisneriano estaba definitivamente asegurado. A los pocos años se empieza a difundir la obra. Hay ediciones en diversos lugares de España, en París en Francia, Venecia en Italia, Cracovia en Polonia, y así en adelante. Además, una versión, más sencilla, del `Ejercitatorio' preparada por Pedro de Burgos con el título de `Compendio de Ejercicios Espirituales' ve multiplicarse sus ediciones, difundiendo aún más la orientación espiritual del abad García.

Los `Ejercicios Espirituales' de San Ignacio de Loyola portan en su núcleo la influencia de la escuela de García Giménez de Cisneros. No pocos peregrinos acudían a Montserrat para aprender a ejercitarse en la oración mental que ahí se practicaba. A la Montaña Santa concurrió también San Ignacio para venerar a Nuestra Señora, la Moreneta. Ignacio confesará sus pecados y pasará tres días repasando la doctrina cristiana. Quizá imitando algún personaje del "Flos Sanctorum" (2), o a los ermitaños que por ahí habitaban, se refugió en una de las cuevas de la montaña, y luego por cerca de un año en la zona de Manresa que mira a Montserrat. En esas andanzas toma contacto con el benedictino Juan Chanones, quien según antiguos testimonios inició al peregrino en los ejercicios espirituales del abad García. 

El método

Teniendo como fin último la caridad perfecta de Dios, "juntar el ánima con Dios", García presenta un camino espiritual que va de lo menos perfecto a lo más a través de determinados ejercicios organizados según las tres vías: Purgativa, Iluminativa y Unitiva, de acuerdo a determinadas materias, horas (por la noche después de Completas y por la mañana después de maitines) y días de la semana. Plantea un proceso de desarrollo gradual, que no excluye ciertos retornos a materias más propias de otra vía. Igualmente se aprecia una clara concepción de individuación. No todo es para todos, Para el maestro benedictino hay que ver que "los ejercicios se ordenen de tal manera que convengan a cada uno según su estado y disposición interior y exterior. No todas las cosas convienen a todos, ni todos pueden hacer una cosa igualmente".

El `Ejercitatorio', considerado como "el primer tratado completo español de oración metódica que conocemos", no es sin embargo rígido. Las partes de la oración no tienen que guardarse siempre en el mismo orden, sino que según el grado de avance cada uno puede aprovechar mejor un orden más personal. Esa misma impresión se produce al comparar cada una de las partes según las diversas vías. Se constata cómo no se producen exactamente bajo un mismo patrón, sino que tienen características propias. Por otro lado la presencia de elementos ya intelectuales, ya efectivos permite concluir una cierta apertura metódica. No parece que sea falta de coherencia, sino que habría una intencionalidad en dejar algo suelto el influjo y el acento, para ir avanzando de lo discursivo a la contemplación amorosa, dejando amplio lugar a la acción del Espíritu. La misma consideración del Padre Nuestro, al final de la vía Iluminativa, buscando resaltar el sentido anagógico, parte de un ejercicio de la mente para encender los afectos. 

 


 

Método de oración del maestro
García Giménez de Cisneros

 

Preparación remota

a. Vías Purgativas e Iluminativa

b. Vía Unitiva

Primero: "que el ejercitador por virtuosa costumbre y gracia esté arraigado en las virtudes"

Segundo: "Silencio interior, de manera que esté libre de todas las cosas exteriores, y que no se ocupe en lo que oyó o vió".

Tercero: "Amoroso juntamiento con Dios, de tal manera, que todos sus juicios, todos sus hechos, todas sus doctrinas, con gran reverencia las abrace".

Cuarto: "Ninguna otra cosa busque, mas piense que es suficientísimo aquel su muy amado Dios".

Quinto: Memoria frecuente de las perfecciones de Dios, y gozo porque es todo poderoso, porque es sapientísimo, porque es soberanamente bueno.

Preparación próxima

a. Vías Purgativa e Iluminativa

b. Vía Unitiva

"Tener algunos puntos y palabras, por las cuales exprese su deseo afablemente" para la oración.

Preparación inmediata

I. Tiempo, lugar, postura y oraciones iniciales

I.1. Vía Purgativa

"A la hora establecida para la oración, venido al lugar acostumbrado, puesto de rodillas, signándote en la frente, en la boca y en el pecho con la señal de la Santa Cruz, di una antífona: Ven Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Y tres veces repite este verso: Dios mío, ven en mi auxilio. Señor date prisa en socorrerme".

I.2. Vía Iluminativa

Para "el cual es conveniente hora después de Completas". "Pues cada día, llegado a la celda a la dicha hora, puesto en el lugar de oración, de rodillas o estando de pie, signado con la Santa Cruz, y recogido tu espíritu, invocando al Espíritu Santo, di esta antífona: Ven Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Luego el Salmo Dios mío ven en mi auxilio. Todo. O tres veces: Dios mío ven en mi auxilio. Señor date prisa en socorrerme".

I.3. Vía Unitiva

Después de maitines llegado "al lugar de la oración, signado con la santa cruz".

II. Recogimiento y presencia de Dios

II.1. Vía Purgativa

"Y recogida tu ánima, toma persona de culpado; y con afecto de temor, puesto delante de Dios como si fuese un Juez".

"Humilla tu alma delante de la presencia del Señor en cuyo acatamiento estás; pues, firmemente has de creer cuando de pones a orar, que estás en la presencia de Dios".

II.2. Vía Iluminativa

"recogiendo tu espíritu, invocando al Espíritu Santo".

Examen de conciencia: "Con gran diligencia ten capítulo contigo mismo, examinándote en los pecados". Luego del examen, acusarse y pedir perdón a Dios, diciendo el salmo "Desde lo hondo" (Sal 129) por las negligencias.

II.3. Vía Unitiva

"Recogiendo tu espíritu, tomando persona de hijo o de esposa, con afecto de amor.

Cuerpo

III. Formar meditación o Consideraciones

III.1. Vía Purgativa

Primera partícula o vía exasperativa. "Oh ánima mía, piensa ahora, y diligentemente estudia" (ya considerando, pensando, mirando, contemplando, sin excluir lo que se llamará "composición de lugar"), según las meditaciones que para cada día de la semana indica.

Lunes: los pecados.
Martes: la muerte.
Miércoles: el infierno.
Jueves: el juicio.
Viernes: Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos.
Sábado: los dolores de Nuestra Señora.
Domingo: de los gozos celestiales.

III.2. Vía Iluminativa

Primera partícula. "Pasarás con tu entendimiento a considerar y reconocer detenidamente y con mucha diligencia los beneficios de Dios", según las meditaciones que para cada día de la semana indica.

Lunes: el beneficio de la creación.
Martes: el beneficio de la gratificación.
Miércoles: el beneficio de la vocación.
Jueves: el beneficio de la justificación.
Viernes: el beneficio de los dones (naturaleza y gracia).
Sábado: el beneficio de la gobernación.
Domingo: el beneficio de la glorificación.

"Y mira bien, que este ejercicio... no está en que te apresures a cumplirlo todo, más que te detengas despacio en cada artículo, encendiendo tu ánima en amor, hasta que, si ser pudiere, pase en admiración. Y si el tiempo depurado para la oración se te pasa en un sólo artículo, no te has de ocupar en los otros, basta recordarlos haciéndolos pasar por la memoria, y concluir tu ejercicio".

III.3. Vía Unitiva

Primera partícula. "Con afecto de amor, forma la meditación de las perfecciones y alabanzas de Dios, aprendiendo a gustar en ellas cuán dulce es el Señor, de esta manera:

Lunes: cómo es principio y fin de todas las cosas.
Martes: cómo es hermosura del universo.
Miércoles: cómo es gloria del mundo.
Jueves: cómo es todo caridad.
Viernes: cómo es regla de todas las cosas.
Sábado: cómo es quietísimo gobernador.
Domingo: cómo es suficientísimo dador".

IV. Afectos

IV.1. Vía Purgativa

Segunda partícula o vía compuntiva. Con avivada afección "orando de esta manera o en otra, según más te inclinare la contricción y devoción de tu corazón".

IV.2. Vía Iluminativa

Segunda partícula. "Asimismo debes usar de algunos puntos elevativos para provocar el afecto en cada uno de estos beneficios".

"Encendida tu ánima en amor, hasta que, si ser pudiere, pase en admiración".

"Si en principio del (ejercicio) te visitara el Señor con su gracia de devoción y compunción, enciérrate dentro de ti mismo, y permanece tranquilo conservando en ti aquella gracia, y ensanchando tu ánima en deseos, y en esto pasa todo el tiempo de la oración".

IV.3. Vía Unitiva

Segunda partícula: "Este ejercicio todo consiste en suspiros y en deseos encendidos de tu amado".

Conclusión

V. Peticiones, alabanzas, y acción de gracias

V.1. Vía Purgativa

Tercer partícula o elevativa. Con Espíritu humilde y contrito, "elévate dentro de ti para alabar al Señor, implorando su misericordia, considerando y alabando su grandeza y nobleza, diciendo: Oh Señor, bueno, hermoso, dulce, misericordioso, ten misericordia de este pecador que redimiste por la sangre preciosa de tu Hijo". Y con estas palabras "demandar perdón por los pecados en que has caído".

Petición por los cristianos e infieles diciendo: "Oh Señor Dios, ten piedad de todos los pecadores y convierte a los infieles al conocimiento de nuestra santa fe católica".

Luego implora la misericordia de Nuestro Redentor y dirígete al Padre diciendo: "Oh Señor, por la Santa Pasión de tu muy precioso Hijo que por mí fue ofrecido en la Cruz, ten misericordia de mí, pecador". Luego dirígete a Nuestra Señora, demandándole su ayuda, y después a los santos.

Terminadas las peticiones, "dilata tu ánima adorando, magnificando y dándole gracias por los beneficios recibidos". Di tres veces: Oh Dios, sé propicio a mí pecador. O el Salmo: Alaba a Yahveh, alma mía (Sal 145) o el Salmo: Bendice a Yahveh, alma mía (Sal 103; 104). Gloria, Padre Nuestro y Ave María.

V.2. Vía Iluminativa

"Levántate del ejercicio con gran reverencia, adorando y glorificando a Dios diciendo:

  • Oh Dios sé propicio a mí pecador y el (Cántico de los tres jóvenes II, Dan 3, 57-88.56): Obras todas del Señor, bendecid al Señor.
  • Himno "Te Deum", o Alaba a Yahveh alma mía (Sal 145).

Al final: Sea el nombre del Señor bendito y alabado desde ahora y por los siglos. Señor, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor.

V.3. Vía Unitiva

"Forma la oración, levantando la mente a Dios con suspiros y deseos encendidos, hablando al Señor en tu corazón, diciendo amorosamente: Oh Señor, tú eres mi amor, mi honra, mi esperanza...".

Contemplación por ardor de amor

Al parecer, una vez llegada a este estadio la labor humana aún puede seguirse "haciendo aquello que le parece que más le puede ayudar: y éstos deben estudiar en ello con gran diligencia, para que merezcan que Dios los ayude a subir más alto".

"Después que ya por la gracia del Señor fueras ejercitado de esta manera por algún tiempo, y hubieras alcanzado el amor del Señor, subidas las seis gradas... entonces sin que preceda meditación alguna ni obra del entendimiento (discursiva), podrá cien veces al día levantar su mente a Dios". "Esta sabiduría no nace en nosotros como las otras ciencias por vía del entendimiento, más por ejercicios de entrañables ofertas".

"La cual sabiduría es sobre todos los dones en nosotros infundidos, en cuanto a la manera de levantar la más alta porción del ánima a Dios por amor"

Final

"Pon tu mente en la vida del Señor, según la meditación de aquel día, o en otra cosa santa y devota". 

 


 

Notas

1. Luis Barbo es un veneciano cuya influencia es grande en la historia de la espiritualidad. Fue prior comendatario de la abad'sia de San Jorge "in Alga", vinculado a los canónigos regulares de Windesheim, foco de la "Devotio moderna". En 1408 pasó al Monasterio benedictino de San Justino de Padua, donde inicio un proceso de reforma en la que destaca la introducción de la oración metódica. Una obra suya, "Modus meditandi et orendi", escrita entre 1437 y 1443, recogiendo la inspiración de la Escuela de Windeshelm, influye sobre la reforma vallisoletana, e incluso sobre el mismo Montserrat en un fallido intento de reforma tiempo antes de la llegada de García de Cisneros. Además de una triple división de la oración, en vocal, meditativa, y contemplativa, presente materia de meditación dividida según los días de la semana. En 1437 fue nombrado obispo de Treviso. Muere seis años después en el monasterio de San Jorge, en Venecia.

2. El `Flos sanctorum' o Leyenda dorada es una colección de vidas de santos adornadas con gran cantidad de cuentos un tanto fantásticos y consejos útiles obra de Jacobo de la Vorágine (m. 1298). Cuando Ignacio de Loyola se encontraba en Pamplona recuperándose de la herida recibida, cayó en sus manos la edición española causándole un impacto decisivo las gestas de algunos de los personajes ahí mencionados. El santo relata en su Autobiografía cómo los relatos despertaban en él deseos de emulación: "Santo Domingo hizo esto; pues yo lo tengo que hacer. San Francisco hizo esto, pues yo lo tengo que hacer". El dominico Vorágine muere siendo obispo de Génova. Existe una edición reciente de la obra publicada por Alianza Editorial de Madrid, en 1982, con el título de la leyenda dorada.